LO DESTRUIDO, LA ESPERA. NOTAS SOBRE EL CINE DE BÉLA TARR, por Alberto Ruiz de Samaniego

El caballo de Turín

Ritornello. Hay algo percutiente, repetitivo, giróvago en el cine de Béla Tarr. Es un efecto que a menudo abraza sus tramas, con una circularidad asfixiante y neurótica, y que se enfatiza, por ejemplo, en el tratamiento de audio, con esos ruidos que se reiteran —agua de grifo goteando, silbidos de las máquinas, golpeteos en la oscuridad, susurros de los elementos—; pero también con la música, como de alucinada verbena o pasacalles de ultramundo, ya sean notas mínimas, repetitivas, en un acordeón sonambúlico que siempre retorna, o ya en las creaciones del músico Mihály Vig. Esos ruidos percutientes baten en la conciencia desdichada de los protagonistas como un martillo abriendo grietas en un muro ya de por sí resquebrajado.

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SOLEMINIDAD: IMAGEN, REPETICIÓN, por Jose Gomes Pinto

I. Decoración y solemnidad

El título de esta conferencia nace de una perplejidad suscitada por la lectura de un texto de Stéphane Mallarmé titulado “Crónica de París. Teatros, Bellas-Artes; Ecos de los Salones y de la Playa”. En tal escrito medita Mallarmé sobre los acontecimientos culturales parisinos, sobre la grandiosidad de los salones y de los espectáculos teatrales de su tiempo, los cuales, en su opinión, habrían disminuido la calidad si se los compara tanto con la gran arte y poesía francesa, como, en general, con el acontecimiento cultural de moda. Podríamos resumir, quizá apresuradamente, el objeto del texto entendiéndolo circunscrito a lo que él llama las «solemnidades, todas íntimas»[i], que advienen de las visitas de los parisinos a los espectáculos teatrales de su tiempo. Unas líneas más adelante, continuando su explicación de la visita a las representaciones teatrales como acto de solemnidad íntima, y en un intento por superar toda consideración objetual, dice lo siguiente: «toda nuestra estética cabe en estas palabras: ¿hay, en esta sala, lugar a diversión? O: reímos aquí; lloramos allá, o: La verdadera representación es, en noche de gala, no lo que ilumina la rampa, sino la lámpara»[ii]. Sigue leyendo

LA PRAXIS ILUSORIA. UNA APROXIMACIÓN A ALEXANDER KLUGE, por María Ayllón Barasoain

Las interconexiones entre filosofía y cine, tal y como se han afrontado (de manera muy fecunda) desde la aparición y consolidación de este último, suponen un amplio campo de trabajo que se ha abordado desde muy distintas perspectivas. Algunos realizadores cinematográficos, sin embargo, resultan especialmente sugerentes a la hora de intentar establecer estos nexos, un posible diálogo en el que el cine se convierta en una forma de expresión de determinada Weltanschaung vinculada a ciertas corrientes filosóficas. Un buen ejemplo sería el realizador alemán Alexander Kluge, cuya trayectoria personal lo sitúa dentro de la influencia intelectual de la Teoría Crítica y cuya producción fílmica (no excesivamente conocida en nuestro país, aunque en los últimos años ciertas instituciones nacionales se hayan acercado a su trayectoria reciente[1]) recoge, especialmente en sus obras de la década de los setenta, no sólo un mapa de las tensiones propias de un país (la República Federal Alemana) que atravesaba unos convulsos momentos sociales y políticos, sino el reflejo consciente de una importante corriente del pensamiento alemán que se esforzaba, aún en los años sesenta, en entender y someter a crítica todo este proceso. Sigue leyendo