“DE LO QUE SE TIENE COMO SI NO SE TUVIERA”: LOS ENSAYOS DE CARLOS PIERA, por Rosa Benéitez

Me gustaría hacer una consideración inicial, que no quiere funcionar como excusa, ni tampoco como una suerte de “captatio benevolentiae”: no son mis especiales capacidades para hablar de Carlos Piera las que me han llevado a ocuparme aquí de su trabajo, sino simplemente mi deseo de poner su pensamiento en valor. Por eso, no voy a tratar de hacer algo así como explicar a Carlos Piera —no podría aunque quisiera—; más bien, me interesa mostrar por qué entiendo que su escritura, sus ideas o posturas son tremendamente valiosas y pueden ayudarnos a comprender ciertas derivas de nuestra historia más reciente (la nuestra en especial) pero, sobre todo, buena parte del estado —y casi faltan los calificativos— en el que se encuentra la cultura española en la actualidad. Desde esta perspectiva, hay dos aspectos que considero fundamentales en su labor ensayística —dejemos la poética de lado por el momento— y que, en principio, podrían parecer contradictorios —algo sobre lo que también tendremos que volver—.

Se trata, por un lado, de que al leer a Piera no sólo lees a Piera. Abrir uno de sus ensayos incita a abrir muchos otros. Y el motivo principal no reside en que sus amplios conocimientos se tropiecen con un lector menos docto, aunque en mi caso probablemente también haya algo de esto, sino que tiene que ver con la forma en que Piera lee a otros: me refiero a una disposición muy especial con la que ir a la base de los argumentos, recorrer el camino inverso y generar una nueva lógica. Un método con el que evidenciar ciertos vínculos de raíz, que habitualmente pasan desapercibidos; un trabajo que pone el acento en las cuestiones que chirrían y mediante el que Piera nos ofrece lo mejor de los demás. Mostraré un ejemplo de Contrariedades del sujeto, del que he suprimido algunas partes:

Los críticos han usado la voz “paradoja” como si, por ser una figura, dejara de ser una contradicción. […] Hasta el mejor Paul de Man es culpable esta vez de no tomarse en serio a una figura […] distingue la “genuina ambigüedad” ontológica de la contradicción por cuanto en la segunda, los polos positivo y negativo se hallan “presentes sucesivamente”, no en copresencia indisoluble. Pero la dimensión temporal (la sucesión) no es consustancial a lo contradictorio y si lo es, como indica de Man, a la lírica, es mediante el lenguaje, no necesariamente en las imágenes generadoras de éste[1].

Al leer esto, uno se siente empujado a volver a de Man y ver cómo encajaría la propuesta de Piera en su teoría; a releer alguna parte de Visión y Ceguera desde esta perspectiva pero, también, y esto es algo más personal, a someter los trabajos propios en torno a temas afines a la misma consideración. Por eso, insisto, saca lo mejor de los demás: de quienes lee y de quienes le leemos.

De esta forma, resulta ahora más fácil aclarar que la presencia de otros autores en la escritura de Piera no cumple con la típica función de apoyo, de autoridad en la que sostener el discurso, sino que adopta la forma de la conversación, del contraste. Cosa que nos conduce directamente hasta el segundo aspecto que anunciaba más arriba y para cuyo comentario me serviré nuevamente de una cita, muy pertinente dentro de un Ciclo como el que encuadra esta lectura[2]: «el ensayo es a la poesía, en cierto modo, lo que la autobiografía a la novela: un lugar donde el “yo” que habla es el que suscribe»[3]. Por tanto, en Piera, el ensayo no es una glosa, no es una paráfrasis, y si seguimos aquí la descripción que él mismo hace de la “paráfrasis” en Contrariedades del sujeto, el asunto se vuelve del todo cristalino: «Se parafrasea algo añadiendo aquí y cortando allá, pero lo más importante no es lo que uno explica, sino lo que uno omite. “El principio de la omisión es por lo general muy sencillo: se omite lo que no se entiende”»[4].

Nada parecido al ensayismo de Piera, que pregunta, señala el conflicto, no elude la complejidad de lo que queda fuera del sentido, busca lo verdadero, adopta pues una postura activa y, si se me permite, dialéctica: aceptar y encarar lo existente no como algo necesario, sino como una realidad susceptible de ser transformada, contingente, sin que esto implique reducirla nuevamente a parámetros explicativos más o menos confortables. De ahí que la actividad crítica del “yo”, ese que habla en el ensayo y suscribe lo que dice, tenga para Piera una dimensión moral: «El ensayo, como decía, se firma, dejando constancia del buen o mal ejercicio de la responsabilidad de un ciudadano o ciudadana», y continúa unas líneas más adelante: «Una forma de expresión que obliga a considerar los hechos “conforme yo los veo” supone la arrogancia de ejercer de medida de todas las cosas; todas, y no las autorizadas o las que están ya en el recetario»[5]. Es decir, ya en la elección de los temas a tratar se manifiesta un posicionamiento del autor que, para bien o para mal, resulta indisociable de su propia argumentación; se hace responsable al escoger entre todas las posibilidades ofrecidas para el camino que quiere emprender con ellas.

Así pueden leerse, creo yo, los textos de Contrariedades del sujeto y La moral del testigo, tanto los digamos “más genéricos”, como los “homenajes” del autor, porque si algo se vuelve palpable en ellos es que las elecciones de Piera no son, en ningún caso, gregarias. En estos dos volúmenes se cuestionan modas tan arraigadas como la de reducir cualquier intento de respetar lo complejo a la idea de “discontinuidad”. Se pone entre paréntesis, también, la pertinencia de conceptos como el de “sujeto” o “identidad” para abarcar de modo satisfactorio, y absoluto, el inestable y contradictorio yo. O se demuestra, entre otras cosas, que hablar de lo que “yo veo” en el ensayo no equivale a hablar de lo que “yo quiero ver”, y véase en este punto, por ejemplo, el homenaje a Chomsky.

Y, si destaco estos dos rasgos —de las relaciones del “yo” que escribe con los otros “yoes”, que creo además que algo tienen que ver con la actitud del “testigo”— es porque pienso que no son moneda común, y deberían serlo; y porque frente al extendido rechazo de lo Académico, con mayúsculas, es como considero que ha de entenderse la tarea del académico, en detrimento de los practicantes del academicismo. Algo similar a lo que Piera ve en la figura de Sacristán:

la tarea universitaria que Sacristán se impuso no era, salvo cuantitativamente, diferente a la que todavía nos corresponde cumplir, en muchos de los terrenos que él tocaba, esto es, la de conseguir que nuestro ambiente no impida a quienes son capaces de ello aportar todo lo posible al conocimiento. Advirtamos que esta exigencia no deriva de que cuanto más conocimiento mejor, independientemente de que esto pueda ser verdad en alguna de sus interpretaciones. Deriva de algo más primordial, cuyo carácter es moral y político: la obligación incondicionada que todos tenemos de no poner obstáculos al desarrollo de las capacidades de otro ser humano[6].

Esta premisa, en apariencia tan simple, dota al trabajo de Carlos Piera de un rigor y una honestidad que cualquiera querría disfrutar y que no siempre se conceden en el ámbito universitario. Sé que son otros los textos que estamos comentando hoy, pero como a veces se tiende a asociar el ensayo con un ejercicio ajeno a la investigación más formal, les propongo acercarse a algo tan académico como un manual, en concreto, a la Historia de las ideas estéticas y de las Teorías artísticas contemporáneas editada por Valeriano Bozal y comprobar cómo esas características que he resaltado en la escritura de Piera están igualmente presentes en los capítulos sobre teoría literaria firmados por él y que incluye este volumen. Se trata sólo de una muestra, hay muchas más, pero que sirve para ilustrar cómo algunos hemos aprendido a entender y defender lo académico de otro modo.

Para terminar, me gustaría incidir en un planteamiento que quizá ya se haya dejado entrever pero que conviene, no obstante, hacer explícito. Si el modo de trabajar de Carlos Piera que he intentado describir adopta esas pautas es porque nunca renuncia a la dificultad, va a por ella. Asistimos en sus textos a un enfrentamiento directo con cosas tan angustiosas como la paradoja, lo metamórfico, el luto o la verdad. Ya sabemos que el lenguaje no lo puede todo, pero aquí sí que permite evitar la confiscación de éstas y otras realidades por el discurso vacío, o lo que podría ser lo mismo, el de las estructuras de poder.

No distarían tanto entonces la labor “prosaica”, y no piensen ahora en Hegel, de la “lírica” para Piera; si no por sus capacidades, sí por los objetivos. La poesía lírica es el lugar donde testimoniar el conflicto y ciertas imposibilidades conceptuales, un trabajo que constituye «la condición misma del conocimiento fidedigno, por cuanto no oscurecido por fantasmagorías de identidad»[7], y que, por otra parte, creo posible distinguir en el poema «Del movimiento del camaleón», perteneciente al libro De lo que viene como si se fuera[8]:

Sé que mi coraza es fingida.

Muevo con dignidad,

yo, un intento de aplomo,

que veo demasiado

por entre lo que veo

un saber de que duro lo que dura mi imagen.

 

 

[Una versión levemente modificada de este texto fue presentada el día 18 de junio de 2014, dentro de la mesa redonda «Los ensayos de Carlos Piera», en el marco del Ciclo «Ensayo: leer, escribir», coordinado por Miguel Casado y organizado por Libros de la resistencia en la librería Enclave de libros (Madrid)].

Descargar pdf. Rosa Benéitez, FAKTA, julio 2014

[1] PIERA, Carlos, Contrariedades del sujeto. Madrid, Visor, 1993, p. 58.

[2] Ciclo «Ensayo: leer, escribir», coordinado por Miguel Casado y organizado por Libros de la resistencia en la librería Enclave de libros (Madrid), durante el curso 2013-2015.

[3] PIERA, Carlos, Contrariedades del sujeto. Ed. cit., p. 21.

[4] Ibíd., p. 103.

[5] Ibíd., p. 24-25.

[6] PIERA, Carlos, La moral del testigo. Ensayos y homenajes. Madrid, Antonio Machado libros, 2012, p. 90.

[7] Ibíd., p. 40.

[8] PIERA, Carlos, De lo que viene como si se fuera. Madrid, Hiperión, 1990, p. 19.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s