LA FRAGILIDAD DE LA ECONOMÍA DE LA PRESENCIA, por Luciana Cadahia

En Una metafísica crítica como ciencia de los dispositivos el grupo Tiqqun[1] recupera una de las ideas más originales de El mundo mágico de Ernesto de Martino: el tabú que experimenta la cultura occidental para asumir la fragilidad de la presencia en el mundo. Los estudios que de Martino realiza sobre el mundo mágico ponen a prueba los límites del realismo ingenuo occidental. Si algo ha caracterizado a esta forma de pensamiento es la creencia en un dualismo ontológico entre los individuos y los hechos. Si bien es verdad que este tipo de realismo ha sido atacado por distintas corrientes filosóficas, lo cierto es que la reflexión elaborada por de Martino da un paso más. De Martino estudia la predisposición especial que algunas comunidades indígenas de Siberia ártica y subártica experimentan para abandonar la unidad de la persona y anular la división entre individuo y mundo. Los indígenas entran en un estado de indeterminación e indistinción en los que su yo se mimetiza con los espacios que habitan. En otras ocasiones la relación mimética tiene lugar con otro miembro de la comunidad y el individuo reproduce de manera involuntaria los gestos que la otra persona lleva a cabo. Esta pérdida de la presencia en el mundo es vivida de manera paradójica como un temor y como una posibilidad. La magia funciona como un mecanismo para lidiar con esta fragilidad. Las comunidades diseñan rituales mágicos para negociar su ser en el mundo y reconocen que su presencia en el mundo es el resultado de un arduo trabajo. La fragilidad de su situación les ayuda a comprender el éthos de su presencia.

Al estudiar cómo el pensamiento mágico funciona en algunas culturas, de Martino pone en evidencia las huellas de éste en el corazón del pensamiento occidental. “Por poco que se lleve adelante la investigación, tarde o temprano uno termina por darse cuenta de que el problema de la realidad de los poderes mágicos no tiene por objeto sólo la calidad de tales poderes, sino también la propia categoría juzgante (el concepto de realidad)”[2]. De Martino descubre que la tradición positiva de la cultura occidental da por sentada la presencia en el mundo y naturaliza aquello que ha sido el resultado de un largo trabajo. Si la fascinación por la pérdida de la presencia se vuelve un juego peligroso, la negación de su fragilidad también. El ser en el mundo no es algo dado de antemano y menos aún la relación sujeto-objeto. La relación entre el sujeto y el objeto es la forma que determinada tradición de pensamiento ha experimentado para negociar su ser en el mundo. Según de Martino, Hegel ha sido uno de los primeros en darse cuenta de esto y Heidegger nos habría advertido sobre la ilusión de nuestro triunfo. A pesar de las valiosas críticas a la metafísica de la presencia, la deriva de Heidegger no convence a De Martino. Renunciar al juego del sujeto y el objeto impide advertir el esfuerzo histórico por comprender la co-implicancia de la presencia y el mundo, algo que el Dasein parece obturar.

Tiqqun retoma los planteamientos elaborados por De Martino y los hace extensivos a los rituales mágicos del capitalismo. El desafío es competir con el capitalismo en el terreno de la magia. La crítica que hace Tiqqun a Marx es acertada. Marx “se niega a comprender lo que el fetichismo pone en juego (…) y hace como si esto, lo que tiene que ver con la experiencia sensible, no formara parte en absoluto de ese famoso ‘carácter fetichista’, como si el plano fenoménico en el que existe la mercancía en tanto que mercancía no fuera, por sí mismo, una producción material (…) no quiere entender lo que sucede desde el punto de vista del ser-en-el-mundo entre esos ‘hombres’ y esas ‘cosas’; Marx, que pretende explicar la necesidad de todo, no comprende la necesidad de esta ‘ilusión mítica’, su anclaje en el vacilar de la presencia y en el repliegue de ésta”[3]. El engaño de la tradición crítica del marxismo está en creer que, al descubrir el mecanismo del encantamiento, éste pierde sus efectos en el ámbito de lo real. El fetichismo de la mercancía es una manera de negociar con la presencia a través de un chantaje mágico social que se hace cargo de los deseos de los individuos. En el fetichismo de la mercancía se juega el vacilar de la presencia. Hace falta prestar más atención a ese “entre” de los hombres y las cosas. Como bien dice Tiqqun, la guerra se libra en el ámbito de la experiencia sensible. Pero el chamanismo de Tiqqun corre el riesgo de fascinarse por la pérdida de la presencia. Su ciencia de los dispositivos tiene por finalidad subvertir la economía de la presencia y destruir los dispositivos. Desprecian a los dispositivos porque tratan de garantizar la economía de la presencia. Dicen que “la esencia de todo dispositivo es imponer una división autoritaria de lo sensible donde todo lo que llega a presencia debe enfrentarse al chantaje de su opuesto”[4]. Han desviado el problema. Hace falta prestar más atención al vacilar de lo existente y observar qué aspectos de los dispositivos escapan a la magia del capitalismo. A la actitud de Tiqqun habría que contraponer la estrategia elaborada por Jesús Martín Barbero en sus textos sobre la cultura de masas. Barbero comienza a estudiar la manipulación del poder en los medios masivos de comunicación, pero rápidamente se da cuenta de que esa imagen acerca del poder pierde de vista las resistencias implícitas en todo dispositivo. En su libro De los medios a las mediaciones invierte la estrategia. La anécdota que da cuenta sobre su cambio de estrategia no tiene desperdicio. Una tarde decidió ir al cine del barrio, cine al que acudían las trabajadoras domésticas de la zona. En la pantalla proyectaban una película de Vicente Ferrer, película que al propio Barbero le pareció espantosa. Sin embargo, cuando el film concluyó y se encendieron las luces descubrió que todas las trabajadoras estaban tremendamente emocionadas. Así comprendió el abismo entre su esquema de sensibilidad y el que atravesaba a esas mujeres. Pero en vez de despreciarlo, reconoció que allí había una fuerza que él desconocía y debía comprender. De nada le servía el pensamiento crítico y sus modelos teóricos si éstos no le dan las herramientas para acercarse a esa sensibilidad y dejar que lo interpele. A fin de cuentas en sus trabajos anteriores criticaba al amo desde el discurso del amo. Así, en vez de priorizar cómo el poder configura sus estrategias de dominio, prefirió investigar las distintas reapropiaciones que las personas hacen de la denominada cultura de masas[5]. Es decir, “ver desde el otro lado” cómo determinados usos escapan a los rituales de dominio. No se trata de destruir la economía de la presencia, sino de modificar sus éthos. Esta guerra política se juega en el ámbito de la estética.

 Descargar versión en pdf. Luciana Cadahia, FAKTA, octubre 2014

[1] Tiqqun, “Podría surgir una metafísica crítica como ciencia de los dispositivos”, en Contribución a la guerra en curso, Madrid, Errata Naturae, 2012.
[2] Ernesto de Martino, El mundo mágico, Buenos Aires, Araucaria, 2004, pág. 67.
[3] Tiqqun, “Podría surgir una metafísica crítica como ciencia de los dispositivos”, op. cit., pp. 76-77.
[4] Ibid., pág. 101.
[5] J. Martín-Barbero, De los medios a las mediaciones. Comunicación, cultura y hegemonía, México, Gustavo Gili, 1987.

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