ESTÉTICA DEL GUARDAR-COMO, por Domingo Hernández Sánchez

Imagen

I. Tópicos originales

A mediados del siglo XIX, Gustave Flaubert ideó un proyecto apasionante para la segunda parte de su Bouvard y Pécuchet. Se trataba de un dispositivo contra la estupidez humana cuyo funcionamiento exigía la articulación de dos elementos, una recopilación de citas y frases que Flaubert consideraba ridículas, tomadas de las fuentes más diversas y sobre todo tipo de asuntos, y una especie de diccionario de tópicos que, según escribe a Louise Colet, compilase «por orden alfabético, todo lo que hay que decir en sociedad para ser un hombre decente y amable sobre todos los temas posibles»[1]. A fin de llevar a cabo tales objetivos, había venido recogiendo durante años un amplísimo volumen de textos, procedentes de innumerables lecturas y búsquedas, que constituiría el material al que los dos oficinistas más famosos de la historia de la literatura habrían de dedicar todos sus esfuerzos, una vez tomada la decisión de «volver a su trabajo de copistas»[2].

Sigue leyendo

Anuncios