FÉLIX GONZÁLEZ TORRES Y LAS VANITAS BARROCAS, por Laura Bravo López

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Figura 1. Félix González Torres, Untitled (Perfect Lovers), 1991. Museum of Modern Art, New York. Fuente: http://www.moma.org

Nancy Spector, comisaria de la exhibición que protagonizó en el Museo Guggenheim de Nueva York en 1995 y encargada también del comisariado de su representación póstuma en el Pabellón de Estados Unidos en la Bienal de Venecia de 2007, arrancaba de Félix González Torres, solo un año antes de su muerte, la siguiente confesión (traduzco): “Este trabajo se originó en mi miedo a perderlo todo. Esta obra es sobre el control del propio miedo […]. Este trabajo no va a ser destruido de la misma manera en que otras cosas en mi vida han desaparecido y me han abandonado. En su lugar, lo he destruido yo. Tengo control sobre él y eso es lo que me ha fortalecido. Pero es una manera muy masoquista de poder. Destruyo el trabajo antes de hacerlo” (122).

         Sentenciosa y demoledora, aquella declaración enunciaba determinados focos de su obra –en especial la que desarrolló a lo largo de la última década de su vida-, y que aparecen fundidos plenamente con su propia experiencia biográfica: el amor, la pérdida dramática del ser amado, el implacable avance del tiempo, el dolor que provoca la privación de lo que se ama e, incluso, la voluntaria –la que González Torres llamaba aquí masoquista– decisión de desprenderse de aquello que colmó su vida de placer y de felicidad. Tanto individualmente como en conjunto, estos elementos conforman algunos de los temas más característicos de las vanitas, un género artístico y literario que logra su plenitud en el siglo XVII y que formula la meditación sobre la caducidad de las cosas, ya sean materiales o inmateriales, ante la certera llegada de la muerte. La relación que la obra de González Torres plantea con las vanitas no es nueva. Lilliana Ramos Collado, en su “Retrato de Félix González Torres en Puerto Rico 1980-1983” publicado en 2005, averigua en su obra la preocupación por lo efímero y lo que peculiarmente denomina “angustia de la impermanencia” (71). Otros historiadores, tales como Gerard Vilar e incluso Arthur C. Danto, exponen que su Untitled (Perfect Lovers) [Figura 1] es una vanitas contemporánea (Vilar 39), una reflexión en forma de ready-made que plantea el hecho de que esos dos metafóricos amantes dejarán de serlo solo cuando la muerte los separe (Danto 197-198).

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