NADAR POR LOS AIRES, por Ángel Gutiérrez Valero

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Nadar y su mujer Ernestine posando en una barquilla en el taller Nadar. Hacia 1865.

Sustituyan obús esférico por proyectil cilindrocónico. Partiré dentro. Llegaré en steamer Atlanta. [Fdo] Michel Ardan”[1]. Industria, velocidad, desplazamiento; también versatilidad, capacidad de respuesta, dinamismo. Rasgos en los que Paul Virilio verá la esencia de nuestro tiempo, y que algo más de un siglo antes ya palpitan en el telegrama de que se sirve Jules Verne para imprimir el giro argumental que dará sentido –y vida– a De la tierra a la luna, segunda novela de sus Viajes Extraordinarios, publicada en 1866. El relato, ambientado tras la Guerra de Secesión norteamericana, describe el proyecto de Impey Barbicane de hacer llegar un proyectil hasta la luna. Matemáticas, Física y aventuras inimaginables se convierten en ingredientes que Verne mezcla para ir iluminando la posibilidad de convertir nuestro satélite en destino del ingenio del hombre. Y digo bien al referirme al ingenio, por cuanto que Barbicane no contempla en ningún momento que sea el hombre mismo el que emprenda el viaje. Tal audacia no comenzará a tomar forma –y llevarse a la práctica– hasta después de la recepción del telegrama y la entrada en escena del francés Michel Ardan. Sigue leyendo

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ARTE Y DISEÑO EN LA ENCRUCIJADA, por Peio Aguirre

El estado actual del arte se presta a una reevaluación de sus componentes materiales físicos, es decir, objetuales, en tanto que mercancías que generan su propio valor económico. En esta coyuntura, no se puede pasar por alto la concepción de “diseño” en tanto que método proyectivo de planificación que precede a la ejecución de obras de arte. Hemos dejado definitivamente atrás un tiempo de “expresión” artística para adentrarnos en un periodo de “proyección”. Aunque la experiencia del taller o estudio –donde las obras se van forjando con el paso del tiempo y el fruto del trabajo- afortunadamente no ha sido desterrada el “diseño” de obras de arte va ganando cada vez más terreno. En este sentido, la posterior realización corresponde a otra fase de producción, hasta llegar a los detalles últimos de la obra post-estudio o post-producida (y aquí es inevitable referirse al libro del mismo título de Nicolas Bourriaud que venía a definir este arte post-estudio, también llamado Estética Relacional).[1] El credo del modo de producción minimalista y conceptual, según el cual la conceptualización es separada de la ulterior realización, todavía goza de buena implantación en el arte. De alguna manera, es precisamente este modo de producción en el objeto minimalista el que acerca el artista al diseñador, arquitecto o ingeniero, si bien ya en la Bauhaus, en De Stijl y en el Productivismo ruso esta división de funciones quedó temporalmente suprimida. Sigue leyendo