CULTURA MATERIAL Y ESTÉTICA DE LA SEGUNDA PERSONA, por Fernando Broncano

Art politica

Un marco: el espejo roto

Desvelado por el cansancio de la vuelta de vacaciones me dejo caer frente a la televisión para dejar que la ceremonia de inauguración de los juegos olímpicos me distraiga. Y me distrae. Comienzo divirtiéndome por el montaje kitsch de imágenes que convierte el césped en un parque temático de tópicos ingleses. Está bien, me digo, al fin y al cabo estos espectáculos están pensados para vender y contribuir al PIB del lugar organizador, ¿por qué vamos a criticar que la City quiera vender sus estereotipos si esto es en lo que consiste la política contemporánea de la sociedad espectáculo y la economía de la atención? Doy algunas cabezadas pero aguanto hasta el desfile de las delegaciones por países (qué paradoja, que en un mundo en el que los estados-nación tienen cada vez menos importancia los Juegos sigan siendo la metáfora del poder político-militar de aquéllos). Desfilan (pues en eso consiste la metáfora, en el “desfile” que sustituye a los militares por atletas) con variopintos uniformes (eso sería revolucionario: que los ejércitos de los respectivos estados-nación se uniformasen con las vestimentas de sus atletas admirados), banderas y alegres rostros de juventud (acompañados en la retaguardia por una delegación de políticos de la cultura deportiva serios, obesos, concernidos). Me despierto completamente para comprobar si lo que ha comenzado a sorprenderme se convierte en regla. Sí: los atletas más que desfilar y presentarse como objeto de contemplación y espectáculo han decidido ser ellos quienes registren lo que está pasando. Todos, casi todos, llevan en sus manos móviles, cámaras, vídeos, y levantan los brazos no sólo para saludar sino para también grabar el evento y al público espectador.

Sigue leyendo

Anuncios

OTRO TIPO DE PREGUNTAS EN EL ARTE, por Juan Martín Prada

El juego de las múltiples perspectivas, tan propio de las estéticas de principios del siglo XX, fue el resultado, inevitable, de la utilización de la hipótesis como eje central del pensamiento creativo. Sobre ella se erigieron los posicionamientos epistemológicos que definirán la doctrina de las vanguardias. Éstas, sin embargo, anegadas por la incertidumbre, la duda y la provisionalidad, no pudieron evitar perderse en el descubrimiento infinito de lo posible. En su empeño todo vacío en el conocimiento se rellenó con hipótesis, haciendo de ellas el falso y único límite de lo «real». Aprendimos con Thomas Mann, André Gide, pero sobre todo con Marcel Proust, a participar en la dolorosa tarea de la construcción de lo meramente posible. Hipótesis y contrahipótesis se alternaban en esa tarea descentradora del sujeto para que éste pudiera ser, en un concepto distinto del espacio y el tiempo, centro simultáneo de perspectivas varias. Como si el conocimiento sólo fuese posible a través de una disposición espacial u orientación determinada, que en una constante insatisfacción tuviese que ser modificada de forma continua. Con ello, al menos, se conseguía materializar un desesperado anhelo: el arte coincidía con el mundo en su fractura. Sigue leyendo

ULTRAJES BARROCOS A TRAVÉS DE LA PRÁCTICA ARTÍSTICA DE JESSICA HARRISON Y SHARY BOYLE, por Lorena Amorós Blasco

Son múltiples los estudios ensayísticos encaminados a pensar nuestra contemporaneidad en términos barrocos. La relación de investigaciones específicas en torno a esta vuelta o, más bien persistencia, ha sido extendida por autores como Walter Benjamin (El origen del drama barroco alemán, 1925), Peter Bürger (Teoría de la vanguardia, 1987), Craig Owens (El impulso alegórico. Contribuciones a una teoría de la posmodernidad, 1984) y Benjamin Buchloh (Procedimientos alegóricos: apropiación y montaje en el arte contemporáneo, 1982). A través de ellos se trasluce la perseverancia del concepto de alegoría como emblema de la posmodernidad o, lo que es lo mismo, la posmodernidad como imperio de la alegoría. Al respecto, José Luis Brea, en su libro Nuevas estrategias alegóricas (1991), propone reconocer en los lenguajes contemporáneos de las artes plásticas una tendencia a desarrollar estrategias enunciativas de carácter alegórico resultantes de las economías barrocas de la representación. Con posterioridad, en Noli me legere. El enfoque retórico y el primado de la alegoría en el arte contemporáneo (1999), el mismo autor revisa el concepto alegórico partiendo tanto de panegiristas como de detractores contemporáneos. Sigue leyendo